Stranger Things: universos paralelos en Cataluña

“Cosas veredes, Sancho”. La cita del Quijote es falsa. La postverdad no es nueva. El día 10 de octubre vimos en el Parlament -y el lunes en la carta del President- cosas si no nuevas, sí todavía más extrañas, stranger things.
Este es el título de una de las revelaciones del año pasado en Netflix. La producción -que algunos han definido como un cruce entre pandilla de película de Spielberg ambientado en el Mid-West y trama de Stephen King con citas a manga japonés- ha sabido tocar las fibras de la nostalgia ochentera, con unos personajes entrañables y una trama de fantasía psico-thriller.
Pero la referencia a la serie va más allá del título y del déjà vu. (Spoiler alert) Me refiero a una premisa clave del mundo de Stranger Things: existen universos paralelos, sometidos a reglas distintas, que tienen en común el escenario de la vida real, y que a veces pueden interactuar. Algunos personajes son capaces de pasar de uno a otro, y en concreto existe un monstruo que habita el mundo paralelo -el Demagorgon– y una niña-experimento que pueden saltar de uno a otro.
El día 6 de septiembre el Parlament de Cataluña creó un universo paralelo con la convocatoria del referéndum y la sucesiva Ley de Transitoriedad. Tenemos pues el mundo constitucional y el mundo de la transitoriedad. Este segundo universo funciona con premisas distintas al mundo real: la de que existe un poder constituyente catalán encarnado por la dictadura soberana del Parlament.

La realidad no convive bien con dos universos normativos y de sentido paralelos. Es inevitable la fricción. Es más, ambos universos aspiran a imponerse de modo efectivo como la única realidad.
Como en la serie, cuando uno cruza el umbral entre ambos mundos, se adentra en un terreno a la vez conocido y surreal, donde no todo es lo que parecía en la dimensión constitucional. Es más, hay algunas criaturas que obedecen a sus reglas, y que tienen alguna capacidad de impactar en el universo primario o constitucional: políticos, algunos funcionarios, incluidos los mossos, etc.

Algunos Demagorgons han usado los agujeros de gusano que abren puertas entre dimensiones, como el Mayor Trapero, que dice una cosa al fiscal y al juez asegurando que operará bajo las reglas del universo constitucional, pero que también deambula entre las sombras de la transitoriedad, trabajando por su implantación efectiva.
El día 10 tuvo lugar un acontecimiento que puede servir como premisa narrativa para una segunda temporada de la serie. Puigdemont creó un tercer universo paralelo, el de la suspensión. Este tercer universo no está sometido a las reglas constitucionales, pero tampoco a las transitorias, sino a reglas nuevas y no escritas, más vaporosas aún. Aunque tiene con el universo transitorio un fundamento común: la premisa de que Cataluña es un pueblo ya soberano. La dictadura soberana del Parlament que aprobó la Ley de Transitoriedad ha instituido una dictadura comisaria del President, dándole plenos poderes para saltarse la misma Ley de Transitoriedad.
De ese modo se explica que en momentos sucesivos se declare la independencia -de acuerdo con las reglas del universo transitorio-, y luego se posponga su vigencia, creando así un nuevo universo normativo. Todo el Parlament fue introducido en el acto en ese nuevo universo. Pero como ahí hay muchos que no se encuentran cómodos, Puigdemont garantizó la pervivencia del segundo universo normativo para aquellos que quisieran acercarse a firmar la declaración de independencia oficialmente suspendida. El que no esté a gusto, puede atravesar el umbral firmando, y considerarse a sí mismo en el universo transitorio. Como Demagorgon en cap, Puigdemont tuvo la audacia de alternar entre universos en la misma noche, diciendo una cosa en uno, haciendo la contraria en otro.
En respuesta, Rajoy, que es un hombre con los pies sobre el suelo y no flirtea con universos alternativos al suyo, ha requerido a Puigdemont que cancele el tercer universo con una aclaración sobre el valor de esta independencia interrupta.
El President podría haberle contestado que no hubo independencia y volveríamos al 5 de septiembre -universo constitucional-. Pero seguiría teniendo poderes paranormales para la creación de dimensiones -prerrogativa de quien se dice soberano-, que le darían cierto poder negociador. También podría haber eliminado la ambigüedad, cancelando el tercer universo paralelo e instalándose en el transitorio.

Pero el President se resiste a cerrar universos. Por lo que es previsible que Rajoy pase a usar sus recursos constitucionales previstos para unificar los universos normativos. Aunque ya sabemos que los policías del mundo real no tienen el mismo poder en el universo paralelo.

Las medidas de Rajoy y las medidas que van tomando los jueces pueden ser la excusa que algunos se tomen para abrir la cuarta dimensión: la calle. De hecho hubo una epifanía de esta dimensión durante los actos sediciosos -en el sentido del código penal- que han dado con los Jordis en prisión cautelar, y después durante el paro de país del 3 de octubre. Los jueces no quieren que los activistas se lancen a reabrir el acceso a ese universo de potencial destructor inimaginable. Pero todo hace pensar que tarde o temprano ese universo tendrá su epifanía, con sus propias reglas y sus propios Demagorgons, el trabajo de las asociaciones independentistas y del entorno de la CUP les ha ganado el poder de crear universos paralelos, incluso al margen de los de la Generalitat.
Qué cosas más extrañas, dirá alguno. Pero es todo bastante de cajón.

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