Experimento Tabarnia (con una Declaración de los Representantes del Pueblo de Tabarnia)

Tabarnia no es una Utopía: el mapa de Tabarnia no es el de una isla imaginaria. Pero tampoco se trata de un proyecto político real, sino puramente virtual. Tabarnia es un fenómeno divertido, hasta cierto punto eficaz como reducción al absurdo de algunas líneas argumentales independentistas. Por eso sobre todo me resulta interesante como experimento político, que permite considerar con cierta distancia y con creatividad irresponsable los fundamentos de nuestras sociedades liberales. Tabarnia es un país plural en formación, open source diríamos. Y por eso conviene dar algunas pautas, para evitar que esta oportunidad abierta al espíritu humano de modo inesperado, no frustre tantas esperanzas.

Tabarnia y las tres dimensiones de la justicia política

Los principios de justicia sobre los que se basan las democracias liberales tienen tres dimensiones fundamentales, que son los ejes de los textos constitucionales: la justicia formal de los procedimientos en el ejercicio del poder; la justicia material en forma de declaraciones de derechos y modelo socio-económico; la cuestión de las identidades colectivas. Entre las tres dimensiones hay una relación circular, aunque no es perfecta.

Se suele decir que la justicia identitaria no tiene ningún principio racional. Pero esto introduciría en la vida colectiva un principio de arbitrariedad totalmente deletérea. Por eso la justicia identitaria se apoya en el principio de que la nación debe ser siempre un medio -un medio necesario, sin duda- pero no un fin en sí misma.

El fin del reconocimiento de una identidad colectiva y las reglas de juego institucionales que encauzan el ejercicio del poder es precisamente la justicia material: el modelo de sociedad, los derechos de las personas. La idea de justicia material es fons et origo totius ordinis politicus (parafraseando la teología sobre la Trinidad)Así que empecemos por ahí en nuestro análisis del experimento tabarnio.

Tabarnia, un modelo de sociedad

Tabarnia se distingue del resto de Cataluña por su modelo de sociedad alternativo al dominante en la Cataluña interior, y al representado por las fuerzas políticas independentistas.

En primer lugar destaca el pluralismo de opciones políticas e ideológicas: numerosos partidos tabarnios han aparecido en internet; se ha hablado tanto de una Tabarnia progresista como de las raíces cristianas del Condado de Barcelona. Pero también su modo de vida urbano, cosmopolita, dinámico, y por eso inclusivo y amante del respeto a las normas formales por encima de reclamaciones históricas y sentimentales.

Los valores de Tabarnia -aunque no han sido aún formalmente desarrollados- apuntan hacia una concepción cívica de la identidad política. Por eso se ha dicho, que en Tabarnia no tiene sentido la expresión “ocho apellidos tabarnios“, pues quienes forman parte de esta comunidad cívica son ciudadanos de pleno derecho, libres e iguales, al margen de su identificación con no se sabe qué cánones de las esencias tabarnias. Quizá ha resultado útil a estos efectos la cesura histórica entre los orígenes históricos del Condado de Barcelona y el actual revivir de la cultura tabarnia. Tabarnia no ha experimentado el romanticismo. No existe una nostalgia reaccionaria de una Tabarnia desaparecida. Los agravios que dan origen a la reclamación de sus derechos políticos no son históricos -dando por supuesto una continuidad espiritual a través de los siglos- sino contemporáneos: está en juego no un ajuste de cuentas mítico, sino una exigencia de justicia aquí y ahora.

La forma de poder político en Tabarnia

Hay por tanto un principio de justicia detrás de todas las reivindicaciones tabarnias, que se convierte en un principio de identidad no etno-cultural, y puede reclamar adaptaciones de las reglas formales para su preservación. Y así llegamos a la cuestión de la justicia formal, al servicio de un modo de convivencia sometido al Derecho, que necesita ser encauzado y protegido.

Tabarnia en casi todas sus versiones reconoce la legalidad constitucional y estatutaria, aunque como parte de su carácter de espejismo paródico, se habla a veces de Declaraciones Unilaterales de Autonomía -respecto del resto de Cataluña. Sin embargo, es evidente que Tabarnia supone un cambio de tipo constitucional en la estructura territorial del Estado, lo cual conecta el problema de la justicia formal con el de la identidad, y la cuestión de su reconocimiento como nueva unidad política.

Tres versiones del fundamento jurídico de Tabarnia

Una somera revisión de la literatura creciente -en presa y redes sociales- me ha hecho descubrir tres tipos de principios formales para la fundación de Tabarnia, que requieren de un estudio detenido y de un atento discernimiento por parte de los promotores de este proyecto, si no quieren incurrir en contradicciones en sus propuestas operativas, ni -sobre todo- entre su modelo de justicia material, de justicia formal y de identidad.

a) La Constitución Española cuyo art. 143 reza así:

143.1 En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos.

143.2 La iniciativa del proceso autonómico corresponde a todas las Diputaciones interesadas o al órgano interinsular correspondiente y a las dos terceras partes de los municipios cuya población represente, al menos, la mayoría del censo electoral de cada provincia o isla. Estos requisitos deberán ser cumplidos en el plazo de seis meses desde el primer acuerdo adoptado al respecto por alguna de las Corporaciones locales interesadas.

Sin embargo, parece claro que ese procedimiento resultaría rígido y políticamente difícil dada la no coincidencia del histórico Condado ni de la incipiente comunidad tabarnia con las fronteras administrativas de las actuales provincias.

b) En el otro extremo tenemos quienes -explotando el carácter absurdo de esta parodia- apelan al derecho de autodeterminación de Tabarnia, sugiriendo que este derecho podría subdividirse ad infinitum. Como siempre, surge la pregunta sobre qué determina los límites de esta comunidad y qué justifica su existencia -pues el derecho de autodeterminación por sí mismo presupone que esas preguntas sobre el demos pre-político están respondidas-. Aquí es frecuente encontrar apelaciones -también simétricas a las nacionalistas- a la historia de Tabarnia y a su identidad cultural. Se buscan sus orígenes en el Condado de Barcelona, e incluso se inventan referencias históricas y arqueológicas. No faltan otras -más coherentes con mi propuesta- que subrayan la necesidad de defender un modo de convivencia plural frente a la homogeneidad etno-cultural de la Cataluña independentista. Pero ha habido incluso quien -para poder aplicar con rigor el principio del derecho de auto-determinación de los pueblos- ha denunciado la colonización que Tabarnia por las fuerzas del procés, mostrando incluso las fotos de Barcelona invadida por una división de tractores.

c) Por último y de modo muy interesante pero no exento de problemas, algunos apelan a los principios de organización territorial presentes en la conocida como ley de claridad Canadiense. Se suele recordar que esta ley acabó con el movimiento independentista del Quebec, al establecer condiciones agravadas de participación y mayorías, y la divisibilidad del sujeto de la autodeterminación: las comarcas podían desmarcarse del proyecto secesionista, allí donde este no tuviera apoyo.

La aplicación de este principio -que sería razonable en el caso de un hipotético “referéndum pactado”- es sin embargo incompatible con los principios de la Constitución española tal como está. Tiene al menos la ventaja de que no se acepta el carácter radical de las “comunidades históricas” (principio que sí late en la Constitución, aunque no dé lugar al derecho a la autodeterminación), sino que se establecen condiciones de viabilidad vinculadas a la voluntad popular por unidades territoriales razonablemente grandes (aunque en último término, arbitrarias). Como digo, aunque ajenos a nuestra constitución que parte de la unidad de la nación y de la pre-existencia de nacionalidades históricas, estos principios son más coherentes con una cultura política liberal, y serían bien comprendidos por la comunidad internacional.

El peligro del supremacismo tabarnio

Tabarnia es divertida. Pertenece al género de la sátira. Pero como suele suceder en ese tipo de historias, la tragedia está siempre a la vuelta de la esquina.

Es difícil afirmar la necesidad de un modo de existencia sin que suponga de alguna manera una proclamación de superioridad frente a los vecinos. Pero esa superioridad debe limitarse al modelo de convivencia, no a supuestas características étnicas.

Además, aunque el mejor modo de delimitar una identidad es por contraste, no conviene exacerbar las diferencias, y sobre todo no es recomendable hacerlo mediante el desprecio o la caricatura insultante.

En el caso de Tabarnia existe este peligro. Justificado si se quiere por los recientes agravios a la identidad Tabarnia. Explicable, como parte del lenguaje de la parodia. Pero si queremos tomar Tabarnia en serio debemos evitar excesos como ese desprecio al carácter rural del resto de Cataluña, que da origen a los neologismos de “Tractorluña” o (en versión más coherente con la sonoridad y evocaciones tintinescas de Tabarnia) “Tractoria”.

El modo de vida rural y arraigado en lo local es respetable, aunque no sea aceptable que se impongan sus prejuicios y costes sobre la vida más dinámica y abierta de los entornos urbanos cosmopolitas. En cualquier caso una Tabarnia libre no debería descuidar su gente del campo, sus paisajes naturales, ni imponer un modo de vida post-moderno.

De la parodia a la realidad (trágica)

Tabarnia como parodia especular de los argumentos independentistas es eficaz. Pero puede ser peligrosa. Es preciso que Tabarnia module bien y alinee su modelo de sociedad y de justicia material con su identidad como comunidad política, y que formule de modo coherente con lo anterior sus reclamaciones de reconocimiento.

Además, es por definición trágica. Pues Tabarnia solo tendría sentido en el caso de que la convivencia en Cataluña resultara imposible: un fracaso histórico que no sería bueno para nadie. Pero al que habría que ofrecer alguna salida.

En esa línea propongo la siguiente:

DECLARACIÓN DE LOS REPRESENTANTES DEL PUEBLO DE TABARNIA

“Los Representantes del Pueblo de TABARNIA,

CONSIDERANDO

La imposibilidad de configurar un marco común de convivencia para los catalanes, que cumpla las siguientes condiciones:

a) que salvaguarde los derechos individuales y promueva el desarrollo social y económico inclusivo;

b) que promueva el pluralismo político y la formación de un espacio público abierto y libre, sensible a la verdad, donde todos puedan contribuir a las deliberaciones sobre el bien común;

c) que trabaje en colaboración con todas las fuerzas sociales para la solución de los problemas colectivos, siempre con lealtad y respeto a las leyes e instituciones, especialmente en lo que se refiere a las minorías políticas, y a las limitaciones establecidas al poder político y a su manejo de fondos públicos;

d) que tenga el apoyo pacífico y estable de una amplia mayoría social, igual o mayor a la necesaria para la reforma de la constitución y del estatuto de autonomía de Cataluña.

PROCLAMAMOS

a) La existencia de la comunidad política de TABARNIA, como comunidad de ciudadanos del histórico Condado de Barcelona, con voluntad de existir con independencia del resto de la hasta ahora conocida como Comunidad Autónoma de Cataluña.

b) La identidad de Tabarnia como proyecto cívico de convivencia en una sociedad abierta, inclusiva, plural, plurilingüe y emprendedora; arraigada en la historia pero no determinada por lecturas unilaterales de la misma; vinculada por eso con lazos indisolubles al resto de la nación española -con especiales vínculos de hermandad con el resto de la antigua Cataluña y con otros territorios españoles en los que se habla la lengua catalana- y al conjunto de los pueblos de Europa.

c) La necesidad de que el pueblo de Tabarnia cuente con instituciones propias de autogobierno para garantizar su pervivencia frente a las amanazas de proyectos políticos hegemónicos que no respetan las limitaciones del poder establecidas por las leyes y los derechos de quienes no comparten sus premisas.

d) Los símbolos de Tabarnia son: i) el escudo y la bandera formados por la cruz de san Jorge y las barras onduladas de Tarragona; ii) el himno provisional será una versión puramente instrumental sin letra de la canción: “Inés, Inés, Inesita Inés“.

Y RECLAMAMOS

a) La tramitación una reforma del artículo 143 de la Constitución Española, que amplíe las posibilidades de formación y subdivisión de Comunidades Autónomas (sobre la base de unidades inferiores a las actuales Provincias), que incluyera -entre otros posibles- al histórico Condado de Barcelona y al Valle de Arán.

b) El reconocimiento provisional de las Instituciones de Autogobierno Tabarnio (Generalitat con sede en Palau de Sant Jaume; Parlament con sede en la Ciutadela de Barcelona) y de su Estatuto provisional (adjunto) y la celebración de unas elecciones parlamentarias.

c) La posterior convocatoria de un referéndum de autonomía tabarnia que permita la división.

d) La garantía del acceso rodado y por ferrocarril al territorio tabarnio desde el resto de Europa, mediante el establecimiento de corredores libres al menos con el sur, el oeste y el norte de Tabarnia.

e) El compromiso del Estado Español y las instituciones europeas para la defensa de la autonomía tabarnia en caso de Declaración Unilateral de Independencia por parte de grupos políticos y sociales catalanes.

Barcelona, Tabarnia, España, Europa, 28 de diciembre de 2017

 

 

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