Doce proposiciones sobre el cambio de régimen

Proposición 1: Todo orden social constituido -formalmente válido y socialmente vigente- consagra la posición de poder de una clase dominante (con intereses y visiones más o menos homogéneos) tanto en la distribución de poder formal como sobre todo en la asunción de los marcos de referencia básicos.

Proposición 2: Todo orden social constituido se apoya en el perdón u olvido constitucional de viejos agravios o algunas injusticias históricas, mientras que se apunta el tanto de resolver otros contenciosos más relevantes en el momento de su constitución.

Proposición 3: A la vez, todo orden social constituido -incluso si ofrece un régimen suficientemente justo para el resto de la sociedad, con suficientes posibilidades de reforma interna y de manifestación de la disidencia- excluye o penaliza a algunos grupos minoritarios que no aceptan el marco de referencia básico.

Proposición 4: Fruto de la inmigración, de la toma de conciencia progresiva, de la sucesión de generaciones o de otros factores, la minoría no favorecida por el orden constituido llega a tomar conciencia de clase frente a la clase dominante, mediante procesos de liderazgo alternativos, hasta convertirse en una nueva mayoría, si no real al menos virtual.

Proposición 5: Cuando esa nueva mayoría pone en cuestión los marcos de referencia, se cuestiona también de modo radical la justicia de las reglas formales, casi siempre haciendo referencia a injusticias originales no satisfechas por el pacto constitucional, y proponiendo un nuevo estado de cosas que resuelva esas injusticias (mientras olvida o pone en sordina otras).

Proposición 6: Ante este cambio en el reparto de poderes fácticos, las reglas formales son percibidas como no representativas, y aumenta la tensión desde abajo por cambiarlas para favorecer a los poderes emergentes. Esto aumenta el poder fáctico de las clases formalmente dominadas, y crea un conflicto de interpretaciones o legitimidades radical (no reducible a un desacuerdo sobre las reglas vigentes secundarias). Esto acerca el momento de desbordamiento, en el cual las reglas válidas formalmente dejan de ser socialmente vigentes de hecho.

Proposición 7: Desde el momento en que las reglas formales han permitido un cierto cambio del status quo, la clase dominante se verá inclinada a reformar esas reglas formales para favorecer la defensa de sus posiciones, o incluso a saltarse esas reglas para garantizar que se conserva el marco de referencia básico, a veces con la represión.

Proposición 8: La clase dominada al percibir como posible el cambio y la resistencia oficial, recurre a la acción directa o hace un uso alternativo del derecho vigente para lograr el cambio.

Proposición 9: También cabe que las clases dominantes afronten las reformas demandadas. Pero si la crisis es suficientemente grande o ha crecido demasiado, entre la presión radical de la clase dominada y su falta de confianza, y la presión de los intereses de la clase dominante, el proyecto reformista resulta desbordado.

Proposición 10: Ante la expectativa de cambio de las reglas formales y del reparto de poder, los miembros de las antiguas clases dominantes pueden adoptar diversas estrategias: a) liderar el cambio o apoyarlo explícitamente desde dentro; b) adaptarse usando sus recursos para encontrar una nueva posición ante las nuevas reglas y nuevos protagonistas; c) escapar llevándose el mayor número de recursos económicos posibles a otro lugar donde reciban apoyo social, normalmente amparados por un viejo enemigo; d) reprimir el movimiento social.

Proposición 11: Finalmente se instaura una nueva forma de legitimidad, que adopta nuevas reglas formales. Esta nueva constitución cumple las condiciones de las proposiciones 1, 2 y 3. Este cambio puede ser más o menos turbulento, según multitud de factores. Sobre todo cuál sea el papel de la clase dominante en su resistencia, y la voluntad de llegar el conflicto al extremo por parte de la clase dominada y sus líderes.

Proposición 12: Estos procesos de cambio suelen ser en sucesivas oleadas, en las que los nuevos poderes fácticos tantean la resistencia de las reglas formales y la respuesta del orden constituido. Aunque estas oleadas tengan manifestaciones sociales reales, no son percibidas en toda su dimensión hasta que se produce el desbordamiento, que inaugura un nuevo principio de orden, aunque puede convivir de modo conflictivo con el antiguo durante cierto tiempo, de modo más o menos violento.

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